El Mensaje de Fátima en Palabras de la Hermana Lucía
(Utilizamos como fuente el libro "Memorias de la Hermana Lucía". Recomendamos leer este libro (Volúmenes I yII) para una revisión completa de las Apariciones de Fátima.
Apariciones en Fátima
Aparición del Ángel
Por lo que puedo más o menos calcular, me parece que fue en 1915 cuando se nos dio esa primera aparición que juzgo fue la del Ángel, que no se atrevió entonces a manifestarse del todo. En la ladera del Cabezo que mira al Sur, al tiempo de rezar el Rosario... vi que sobre el arbolado del valle que se extendía a nuestros pies flotaba como una nube, más blanca que la nieve, algo transparente, con forma humana. [...] En días diferentes, se repitió dos veces más.
Apariciones del Ángel en 1916
La primera aparición
Me parece, no obstante, que debía ser en la primavera de 1916 cuando el Ángel se nos apareció por primera vez en nuestra roca del Cabezo... después de merendar y rezar allí, que empezamos viendo a cierta distancia, sobre los árboles que se extendían en dirección al naciente, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven, transparente, más brillante que un cristal atravesado por los rayos de sol. A medida que se aproximaba íbamos distinguiéndole las facciones. Estábamos sorprendidos y medio absortos. No decíamos ni palabra. Al llegar junto a nosotros, dijo: "No teman! Yo soy el ángel de la Paz. Oren conmigo".
Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo. Transportados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar:
"Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman."
Después de repetir esto por tres veces, se levantó y dijo: "Oren así! Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de sus súplicas."
La segunda aparición
Pasado bastante tiempo, en un día de verano... De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel, como me parece que era, y dijo: "Qué están haciendo? Recen, recen mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre ustedes designios de misericordia. Ofrezcan constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios". Cómo nos hemos de sacrificar? Le pregunté. "En todo lo que puedan, ofrezcan a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que El es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Así atraerás sobre tu Patria la paz. Yo soy el Angel de su guarda, el Angel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor te envíe".
Sus palabras se grabaron profundamente en nuestras mentes. Fueron como una luz que nos hizo comprender quién es Dios, cómo nos ama y desea ser amado, el valor del sacrificio, lo agradable que es para Él y cómo, a causa de él, concede la gracia de la conversión a los pecadores.
La tercera aparición
Rezamos allí nuestro Rosario y la oración que en la primera aparición nos había enseñado. Estando, pues allí se nos apareció por tercera vez, portando en la mano un Cáliz y sobre él una Hostia, de la cual caían dentro del Cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el Cáliz y la Hostia suspensos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración: "Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.
Después, levantándose, tomó en la mano el Cáliz y Hostia, y me dio la Hostia a mí; y lo que contenía el Cáliz, lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo: "Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios". De nuevo se postrí en tierra y repitió con nosotros, tres veces más, la misma oración: "Santísima Trinidad..." etc. Y desapareció. Transportados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al ángel en todo; es decir, postrándonos como él y repitiendo las oraciones que él decía.
Las apariciones de la Virgen
El 13 de mayo de 1917
Estando jugando con Jacinta y Francisco encima de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos, de repente, como un relámpago.
Al llegar poco más o menos a la mitad de la ladera, muy cerca de una encina grande que allí había, vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo: "No tengáis miedo. No os voy a hacer daño ". ¿De dónde es Ud.?" le pregunté. "Soy del Cielo" "¿Y qué es lo que Ud. quiere?" "Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí aún una séptima vez". "Y yo, ¿también voy al Cielo?" "Sí, vas". "Y, ¿Jacinta?" "También". "Y ¿Francisco?" "También; pero tiene que rezar muchos Rosarios".
Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor "¿María de las Nieves ya está en el Cielo?" "Sí, está". (Me parece que debía de tener unos dieciséis años). "Y, ¿Amelia?" "Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo". "Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años". "¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?" "Sí, queremos". "Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza".
Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...) cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: «Oh Santísima Trinidad, yo Os adoro. Dios mío, Dios mío, yo Os amo en el Santísimo Sacramento». Al pronunciar estas últimas palabras "...la gracia de Dios será tu consuelo", la Virgen abrió sus manos por primera vez, comunicándonos una luz tan intensa que, al brotar de sus manos, sus rayos penetraron en nuestros corazones y en lo más profundo de nuestras almas, haciéndonos ver en Dios. Que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, movidos por un impulso interior que también se nos comunicó, caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones "¡Oh Santísima Trinidad, yo te adoro! Dios mío, Dios mío, te amo en el Santísimo Sacramento".
"Recen el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra". En seguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía. La luz que la rodeaba iba como abriendo camino en la bóveda de los astros, motivo por el cual alguna vez dijimos que habíamos visto abrirse el Cielo. Después de unos momentos, la Virgen volvió a hablar: "Recen el Rosario todos los días, para obtener la paz para el mundo, y el fin de la guerra". Entonces comenzó a elevarse serenamente, subiendo hacia el este, hasta desaparecer en la inmensidad del espacio. La luz que la rodeaba parecía abrir un camino ante ella en el cielo, y por eso a veces decíamos que veíamos abrirse el cielo.
El 13 de junio de 1917
Después de rezar el Rosario con Jacinta y Francisco y algunas personas que estaban presentes, vimos de nuevo el reflejo de la luz que se acercaba (y que llamábamos relámpago), y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina, todo lo mismo que en Mayo. "¿Qué quiere Usted de mí?" pregunté. "Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; que recéis el Rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después diré lo que quiero".
Pregunté por la curación de un enfermo. "Si se convierte, se curará durante el año". "Quisiera pedirle que nos lleve al Cielo". "Sí. Pronto me llevaré a Jacinta y a Francisco. Pero ustedes deben quedarse aquí un tiempo más. Jesús quiere servirse de ustedes para hacerme conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón". "¿Debo quedarme aquí sola?" pregunté con tristeza. "No, hija mía. ¿Estás sufriendo mucho? No te desanimes. Nunca te abandonaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te llevará a Dios".
Fue en el momento en que dijo estas palabras, cuando abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al Cielo y yo en la que esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón, cercado de espinas, que parecían estar clavadas en él. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la Humanidad, que pedía reparación. He aquí, Exmo. y Reverendísimo Sr. Obispo, a lo que nos referíamos cuando decíamos que Nuestra Señora nos había revelado un secreto en el mes de junio. Nuestra Señora no nos mandó aún, esta vez, guardar secreto; pero sentíamos que Dios nos movía a eso.
El 13 de julio de 1917
Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la carrasca, entre una numerosa multitud del pueblo, estando rezando el Rosario, vimos el resplandor de la acostumbrada luz y, en seguida, a Nuestra Señora sobre la carrasca. "¿Qué quiere Usted de mí" pregunté. Quiero que vengan aquí el día 13 del mes que viene; que continúen rezando el Rosario todos los días, en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra, porque sólo Ella lo puede conseguir.
"Quería pedirle que nos dijera quién es Ud., que haga un milagro para que todos crean que Ud. se nos aparece". "Continúen viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy, y lo que quiero y haré un milagro que todos han de ver para creer". Aquí hice algunas peticiones que no recuerdo bien cuáles fueron. Lo que sí recuerdo es que Nuestra Señora dijo que era preciso rezar el Rosario para alcanzar esas peticiones durante el año. Y continuó: "Sacrifíquense por los pecadores, y digan muchas veces, en especial cuando hagan algún sacrificio: «Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María».
La primera parte del secreto de Fátima
Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo cayendo por todos los lados, semejantes al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe de haber sido a la vista de esto cuando di aquel «¡Ay!», que dicen haberme oído). Los demonios distinguíanse por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.
La segunda parte del secreto de Fátima
Asustados, y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo entre bondadosa y triste: "Han visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que les voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche alumbrada por una luz desconocida, sepan que es la grande señal que Dios les da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la Comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.
En Portugal se conservará siempre la doctrina de la Fe, etc. [véase la tercera parte del Secreto a continuación] Esto no se lo digas a nadie. A Francisco, sí puedes decírselo. Cuando recen el Rosario, digan, después de cada misterio: ¡Oh Jesus mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, principalmente las más necesitadas! Transcurrido un instante de silencio, pregunté: "Usted ¿no quiere de mí nada más?" "No. Hoy no quiero nada más de ti. Y, como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensa lejanía del firmamento".
La tercera parte del secreto de Fátima
Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: «algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él» a un Obispo vestido de Blanco «hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.(Vaticano.va)
[Comentario: La Virgen tenía su Corazón en la mano derecha y el Rosario en la izquierda. Esto fue lo que Lucía le dijo al Cardenal Bertone en una entrevista privada. La tercera parte del secreto dice que el esplendor que irradiaba de la mano derecha de la Virgen apagaba el fuego que salía de la espada del ángel. Estas llamas parecían ser capaces de incendiar la tierra. Cuando unimos los dos relatos, nos dimos cuenta de que es el Inmaculado Corazón de María el que apaga las llamas].
[Juan Pablo II, por su parte, pidió el sobre con la tercera parte del «secreto» después del atentado del 13 de mayo de 1981.... Por lo que se refiere al pasaje sobre el obispo vestido de blanco, esto es, el Santo Padre –como se dieron cuenta inmediatamente los pastorcitos durante la “visión”–, que es herido de muerte y cae por tierra, Sor Lucía está completamente de acuerdo con la afirmación del Papa: «una mano materna guió la trayectoria de la bala, y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la muerte» (Juan Pablo II, Meditación del Policlínico Gemelli a los obispos italianos, 13 de mayo de 1994). (Vatican.va)]
El 13 de agosto de 1917
[Los niños fueron encarcelados y se les impidió ir a Cova da Iria].
El 15- de agosto de 1917
[Los niños fueron liberados de la cárcel].
El 19 de agosto de 1917
[Se cree que esta aparición de la Virgen ocurrió el 19 de agosto].
Estando con las ovejas, en compañía de Francisco y de su hermano Juan, en un lugar llamado Valinhos, y sintiendo que alguna cosa sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuestra Señora viniese a aparecérsenos, y dándome pena que Jacinta se quedase sin verla, pedimos a su hermano Juan que fuese a llamarla. Como no quería, le ofrecí veinte centavos, y allá se fue corriendo. Entretanto vi, con Francisco, el reflejo de la luz que llamábamos relámpago, y habiendo llegado Jacinta, un instante después, vimos a Nuestra Señora sobre una carrasca. "¿Qué es lo que Ud. quiere de mí?" "Quiero que sigan yendo a Cova de Iría el día 13; que continúen rezando el Rosario todos los días. El último mes haré un milagro para que todos crean".
"¿Qué es lo que Ud. quiere que se haga con el dinero que la gente deja en Cova de Iría?" "Que hagan dos andas: una, llévala tú con Jacinta y dos niñas más, vestidas de blanco; y otra, que la lleve Francisco y tres niños más. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; lo que sobre es para ayudar a una capilla que deben hacer". "Quería pedirle la curación de algunos enfermos". "Sí; a algunos los curaré durante el año". Y tomando un aspecto más serio dijo: "Recen, recen mucho, y hagan sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas". Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección al naciente.
El 13 de septiembre de 1917
Llegamos, por fin, a Cova de Iría, junto a la carrasca, y comenzamos a rezar el rosario, con el pueblo. Poco después, vimos el reflejo de la luz y, seguidamente, a Nuestra Señora sobre la encina. "Continúen rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen y S. José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios pero no quiere que duerman con la cuerda; llévenla sólo durante el día". "Me han solicitado para pedirle muchas cosas, la curación de algunos enfermos, de un sordomudo". "Sí, a algunos los curaré; a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean". Y comenzando a elevarse, desapareció como de costumbre.
El 13 de octubre de 1917
Poco después, vimos el reflejo de la luz y, seguidamente, a Nuestra Señora sobre la encina. "¿Qué es lo que quiere Ud. de mí?" "Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra; que soy la Señora del Rosario; que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar y los soldados volverán con brevedad a sus casas". "Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos y si convertía a algunos pecadores; etc..." "Unos, sí; a otros no. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón por sus pecados". Y tomando un aspecto más triste: "No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido". Y, abriendo sus manos, las hizo reflejarse en el sol. Y, mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.
He aquí, Exmo. Señor Obispo, el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi fin no era llamar la atención de la gente hacia él, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Lo hice sólo llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello. Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a S. José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. S. José con el Niño parecían bendecir al Mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daba idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el Mundo de la misma forma que S. José. Al desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen.
[Lucía comprendió que la Virgen quiere que portemos el Escapulario de la Virgen del Carmen como signo de nuestra consagración a su Corazón Inmaculado].
Las tres apariciones después de Fátima
Primera aparición después de Fátima (1925)
[La Virgen y el Niño Jesús regresaron el 10 de diciembre de 1925 para pedir y explicar los Primeros Sábados].
El día 10 de diciembre de 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo dijo el Niño: "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas".
En seguida dijo la Santísima Virgen: "Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. prometo ayudar a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en el primer sábado de cinco meses consecutivos, vayan a Confesión y reciban la Sagrada Comunión, reciten cinco misterios del Rosario y me acompañen por un cuarto de hora mientras meditan en los misterios del Rosario con la intención de hacer reparación a mí"."
Segunda aparición después de Fátima (1926)
El Niño Jesús se le apareció a Sor Lucía el 15 de febrero de 1926 y le preguntó por los primeros sábados].
El día 15 de Febrero de 1926, se le apareció de nuevo el Niño Jesús. Le preguntó si ya había difundido la devoción a su Santísima Madre. Ella le expuso las dificultades que tenía el confesor, y que la Madre Superiora estaba dispuesta a propagarla; pero que el confesor había dicho que ella sola nada podía. Jesús respondió: "Es verdad que tu Superiora sola nada puede; pero con mi gracia lo puede todo".
Presentó a Jesús las dificultades que tenían algunas almas de confesarse en sábado y pidió que fuese válida la confesión de ocho días. Jesús respondió: "Sí, puede ser de muchos días más todavía, con tal que, cuando me reciban, estén en gracia y tengan la intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María". Ella preguntó: "Jesús mío, ¿y las que olviden tener esta intención?" Jesús respondió: "Pueden hacerla en otra confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tuvieran de confesarse".
Tercera Aparición de Fátima (1929)
13 de junio de 1929. Había pedido y obtenido licencia de mis superioras y del confesor, de hacer la Hora Santa de once a media noche, de los jueves a los viernes. Estando una noche sola, me arrodillé entre la balaustrada, en medio de la capilla, postrada, para rezar las oraciones del Ángel. Sintiéndome cansada, me incorporé y continué rezando con los brazos en cruz.
La única luz era la de la lámpara. De repente se iluminó toda la capilla, con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una cruz de luz, que llegaba hasta el techo. En una luz más clara se veía, en la parte superior de la cruz, un rostro de hombre con el cuerpo hasta la cintura; sobre el pecho una paloma también de luz y, clavado en la cruz, el cuerpo de otro hombre. Un poco por debajo de la cintura, suspendido en el aire se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían unas gotas de Sangre que corrían a lo largo del rostro del Crucíficado y de una herida en el pecho.
Estas gotas corrían sobre la hostia y caían en el cáliz. Bajo el brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora y en su mano su Corazón Inmaculado (Era Nuestra Señora de Fátima, con su Corazón Inmaculado en la mano izquierda, sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas). Bajo el brazo izquierdo de la Cruz, grandes letras como de agua cristalina que corrían sobre el altar, formaban estas palabras "Gracia y Misericordia".
Comprendí que me era mostrado el misterio de la Santísima Trinidad y recibí luces sobre este misterio que no me es permitido revelar. Después Nuestra Señora me dijo: "Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la Justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir reparación: sacrifícate por esta intención y reza".
Más tarde por medio de una comunicación íntima, Nuestra Señora me dijo, quejándose: "No han querido atender mi petición... Al igual que el rey de Francia* se arrepentirán, y la harán, pero ya será tarde. Rusia habrá esparcido ya sus errores por todo el mundo, provocando guerras, persecuciones a la Iglesia: el Santo Padre tendrá que sufrir mucho".
Cartas y locuciones
Febrero de 1926, carta relativa a Primeros Sábados.
El 24 de julio de 1927, sor Lucía le escribió una carta a su madre para presentarle la devoción de los Primeros Sábados e instarla a hacerla y difundirla. Lucía ya pensaba que la meditación de 15 minutos podría parecer difícil a muchas personas.
Pienso que son los quince minutos los que van a dar más confusión.
Pero es muy sencillo. ¿Quién no puede pensar en los misterios del Rosario? ¿En la anunciación del ángel y en la humildad de nuestra querida Madre, que al verse tan elogiada se llama esclava? ¿Sobre la pasión de Jesús, quien sufrió tanto por amor a nosotros? ¿Y nuestra Santísima Madre junto a Jesús en el Calvario? ¿Quién, entonces, con estos santos pensamientos, no puede pasar quince minutos acerca de la más tierna de las madres? (pág.277).
17 de diciembre de 1927, documento relativo a los Primeros Sábados
29 de mayo de 1930, carta y locución sobre los Primeros Sábados. Ella entendió de Jesús en la locución que después de la consagración de Rusia y cuando cese la persecución, “En respuesta al fin de esta persecución, Su Santidad promete aprobar y recomendar la práctica de la devoción reparadora ya mencionada” (p. 281).
6 de junio de 1930, carta sobre los Primeros Sábados. La Hna. Lucía le hizo preguntas a Jesús tales como, ¿por qué son cinco Primeros Sábados?
La carta del 28 de octubre de 1934 se refiere a los Primeros Sábados.
La carta del 26 de mayo de 1935 se refiere a los Primeros Sábados. Primeros Sábados
La carta del 19 de marzo de 1939, se refiere a los Los Primeros Sábados:
La Guerra o la Paz del mundo depende de la práctica de esta devoción unida a la consagración al Inmaculado Corazón de María. Por eso quisiera que se difunda, y, sobre todo, porque es el deseo de Nuestro Señor y de Nuestra Madre Celestial… (p. 367, énfasis nuestro).
20 de junio de 1939, carta sobre los Primeros Sábadosy folleto sobre los cinco Primeros Sábados.
Nuestra Señora prometió contener el flagelo de la Guerra si esta devoción se difundía y practicaba. La veremos evitando este castigo en la medida en que la gente difunda la devoción, aunque me temo que no estamos haciendo tanto como podríamos y Dios, no muy feliz, podría levantar Su brazo de Misericordia y dejar que el El mundo sea destruido por este castigo, que como nunca antes será, horrible, horrible (p. 368, el énfasis es nuestro).
La carta del 31 de julio de 1939 se refiere a los Primeros Sábadosy a la impresión de folletos sobre los Primeros Sábados, Sor Lucía recibió una copia del folleto inédito del Obispo. El Obispo estaba enfermo pero esperaba difundir la devoción de los Primeros Sábados.
el 13 de septiembre de 1939, el obispo de Fátima aprobó la devoción de los cinco Primeros Sábados .
La carta del 3 de diciembre de 1939 se refiere a los Primeros Sábados. Sor Lucía no quiso que se usara su nombre. Además, Lucía entendió que la petición de Nuestra Señora sobre la meditación de los Misterios del Rosario en compañía de Nuestra Madre debía cumplirse por separado al rezo del Rosario.
(El texto de las cartas y las locuciones citadas anteriormente son de Documents on Fatima & the Memoirs of Sister Lucia por el P. Martins y el P. Fox, 2002).
Resumen del Mensaje de Fátima
- Arrepentimiento ("Penitencia, Penitencia, Penitencia!"). (cf. penitencia, CCC, 1430-1439)
- Con amor, ofrecer oraciones (incluyendo el Rosario diario y las oraciones de Fátima) y sacrificios (incluidos nosotros mismos, nuestros deberes diarios y nuestros sufrimientos) en súplica por la conversión de los pecadores y en reparación al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.
- Devoción al Corazón Inmaculado de María:
- Hacer una consagración al Inmaculado Corazón de María y portar el Escapulario de la Virgen del Carmen como signo de esta consagración.
- Tratar de reparación al Inmaculado Corazón de María a través de la devoción de los Primeros Sábados y diariamente.
- Tratar de imitar las virtudes del Inmaculado Corazón de María.
- Difundir la devoción de los Primeros Sábados.